
¿Puede seguir pasando estas cosas en estos tiempos? Les comento; una señora llamada Luz María Ramírez Villalpando, quien porta el titular del Instituto de la Mujer en Guanajuato, considera que el uso de tatuajes en las féminas es un ejemplo de la pérdida de valores. ¿Pérdida de valores? Creo que la seño no puede ser tan categórica al decir esto. Yo conozco muchas personas que tienen tatuajes y perforaciones y tienen muy bien cimentados sus valores. Éstos se dan en la familia y en la escuela.
Esta señora en su exposición se atrevió a decir: "Cómo poder evitar el caos si no hay pautas de valoración o normas de conducta", o sea, yo ya no entendí, ¿lo que quiere decir es que ya hay caos en su Estado porque hay mujeres tatuadas? Y no conforme con lo que dijo apoyó su ponencia con gráficas y textos de una joven, de la cual dijo: "Esta joven, bueno, podrá afirmar que es muy original y que es muy su gusto andar así, pero yo me pregunto, ¿si no hay un valor que se llama salud? y si algunas de estas cosas no le estarán perjudicando en este sentido", ¡¡¡Queeeeeee!!!! ¿un valor que se llama salud? por más que busqué y rebusqué en mis libros, personas e internet, no encontré que la salud fuera un valor.
La funcionaria describió a los asistentes la confesión de un joven que le reveló su intención de utilizar ese accesorio en las partes íntimas y Luz María expresó: “¡Caramba! ¿para qué quieres ponerte o lastimarte de esa manera? ¿y a quién se lo vas a presumir?. ¡Me cuesta trabajo entender!, ¿a quién se lo vas a presumir?", y yo digo ¡¡¡Qué le importa!!!.
Y les sigo platicando; yo pensaba que Derechos Humanos no servía para nada, pero no, llegó la directora del Centro de Derechos Humanos Victoria Diez y que acusa a la directora del IMUG de promover actitudes discriminatorias y atentar contra la libertad de las mujeres, solo porque a ella no le agrada cómo piensan, cómo visten, el color de pelo que usan, los tatuajes que llevan o los objetos que portan y demandó que sea destituida. ¡Eso si me gustó!
Pienso que este tipo de situaciones en la actualidad ya genera indignación, que la seño debería de documentarse antes de abrir la boca por muchas gráficas y textos que seguramente se los hacen para que aparente su trabajo, por cierto, con pensamientos muy retrógrados.
Me encantaría decirle personalmente que los tatuajes fueron una práctica de los tiempos neolíticos, que incluso se encontraron 57 tatuajes en una momia del año 200. En América del norte, los indígenas utilizaban los tatuajes como parte del ritual de paso de la pubertad a la adultez. En América central, las tribus utilizaban los tatuajes a modo de conmemoración de los caídos en batalla y como forma de adoración de los dioses. En la parte sur del continente americano, tribus indígenas también pintaban sus cuerpos, con significados profundos y espirituales.
Los antiguos mexicanos no fueron extraños al adorno del cuerpo con el fin de embellecerlo; sobre todo la nobleza, se adornaban las piernas y los brazos con anillos y brazaletes; con collares y con plumas el cuello y la cabeza, y también se perforaban los labios, las orejas y el tabique de la nariz,
para hacer pasar por las aberturas canutillos metálicos, dentro de los cuales se colocaban plumas de varios colores.
Los principales señores usaban grandes pendientes en las orejas, en el labio inferior y en la nariz, previamente perforados, así como pulseras, brazaletes, anillos y collares.
Podría seguir escribiéndoles mucho más sobre nuestras culturas prehispánicas, porque me apasiona, pero me saldría del tema y además sería muy largo.
También sé que muchos jóvenes no saben el significado de lo que se hacen o porque se lo hacen, lo consideran una moda. Pero esto no puede ser el pretexto para que una seño discrimine a la mujer.





