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lunes, 20 de junio de 2011

IDIOSINCRASIA DEL MEXICANO

IDIOSINCRASIA DEL MEXICANO

Los mexicanos tenemos un sin fin de características que forman toda una cultura, por un
lado el resultado del mestizaje puro entre conquistadores españoles y conquistados, mezcla no solo de sangre si no de culturas y creencias. Somos españoles denigrando a indios y somos indios odiando a los españoles.

La manera de ser del mexicano es vivir en un completo desorden, la preocupación por el
aspecto emocional y el espiritual de la vida se refugia en la religiosidad, en el apego a las
tradiciones. El mexicano “trabaja para vivir” y no a la inversa.
Frases como el “ni modo”  con su connotación de mala suerte" o de que no había forma de prevenir el revés, es la respuesta normal ante un error o accidente. O el "mañana ", son frases típicas en el mexicano porque tenemos una visión pasiva de lo inevitable.

SUS RAÍCES:
          Españolas: Cortés
          Indígenas: Solo México es verdaderamente mestizo

CARÁCTER:
          Discretos
          Orgullosos ,Soñadores,  cálidos, ocurrentes.
          Creativos e imaginativos, y en ocasiones violentos y crueles

SOCIAL:
          Éxito- Es la imagen más importante que cualquier otro logro.
          La relación hombre-mujer Tensiones y desconfianza
          No es jugador de equipo
          Ama las fiestas
          Pide y no da

CULTURAL:
          Religión: Existe una mezcla de las costumbres indígenas con las católicas
          Apego a las tradiciones    
          El lenguaje: Es florido y formal que puede ocultar infinidad de sutilezas
          El pasado: Permanece vivo
          El presente: Se puede improvisar (Dios proveerá)
          El futuro: Vendrá por sí solo

CARACTERÍSTICAS:

          impuntuales
          No ahorra
          Entiende no cuando es si
          Dejamos todo para mañana
          Se sueña con la holgazanería
          Desordenado
         
Finalmente, nosotros los mexicanos huimos de una realidad que no podemos manejar y
entramos en un mundo de fantasía do donde el orgullo, el idealismo y el egoísmo social
florecen con seguridad además de que la pasión domina sobre la razón.
Bibliografía: Alan Riding, "Vecinos Distantes", Ed. Joaquín Mortíz, México.

martes, 14 de junio de 2011

Lecciones para no morir

LECCIONES PARA NO MORIR
Por Jorge Ramos Avalos
Junio 13, 2011

México tiene mucho que aprender de Perú y Colombia. Si no lo hace, corre el peligro de caer en una espiral de pobreza y narcoviolencia. Y esas espirales suelen terminar en huracanes sociales.
¿Qué puede aprender México de Perú? Muchísimo. La primera lección es que los olvidados no olvidan quién los olvidó a la hora de votar. Contrario a lo que sugerían muchas encuestas, Ollanta Humala le ganó a Keiko Fujimori gracias al voto rural e indígena. Los olvidados tarde o temprano se vengan; a veces en las calles y otras en las urnas.
A pesar de que Perú ha sido uno de los países con el mayor crecimiento económico del continente, los más pobres no han dejado de serlo y la distribución del ingreso sigue beneficiando desproporcionadamente a los peruanos más ricos. 
Lección: la pobreza no se borra con declaraciones optimistas. Por eso más de la mitad de los peruanos votó por el candidato que retaba al sistema -Ollanta Humala- y no por quien lo preservaría –Keiko Fujimori.
Una cosa es lo que dicen las estadísticas y otra muy distinta es no tener trabajo ni qué comer. En el preciso instante en que el Secretario de Hacienda y precandidato presidencial, Ernesto Cordero dijo que “hace mucho que México dejó de ser un país pobre”, había en el país 54 millones de pobres (según cifras del Tecnológico de Monterrey). 
Lección: maquillando al país no se ganan elecciones ni se logran los grandes cambios.
Lección: sí México no aprende de la reciente elección en Perú que la pobreza no desaparece con declaraciones falsas y con promesas electorales, corre el riesgo de perder otra década más y ser irrelevante frente a las nacientes potencias como China, India y Brasil.
México es mucho más parecido a Perú de lo que muchos quisieran creer: por esa pobreza heredada de una generación a otra, por su espantosa discriminación contra la población indígena y por sus ricos groseramente ricos.
México, también, tiene mucho que aprender de Colombia para enfrentar el problema de la narcoviolencia.
Cuando hablo con mis compatriotas mexicanos sobre la narcoviolencia, siempre hay un gesto de resignación. “No hay de otra”, me dicen, sobre la fallida estrategia del presidente Felipe Calderón de enfrentar frontalmente a los narcotraficantes y que ha costado más de 40 mil muertos. Pero la realidad es que sí hay de otra.
Hay cuatro cosas que los colombianos hicieron bien y que los mexicanos no están haciendo para ganarle a los narcos: 
1) En Colombia entendieron que había que pegarle a los narcos donde más les dolía: en el bolsillo y en sus cuentas bancarias. En México no se está haciendo. 
2) En Colombia crearon una policía nacional única; en México hay 2,600 cuerpos de policía sin ninguna coordinación. 
3) En Colombia crearon un cuerpo élite prácticamente
incorruptible para enfrentar a los narcotraficantes; en México no existe.
4) Y en Colombia empezaron a “liberar” una por una ciudades y carreteras de manos de los narcos. México ha perdido parte de su territorio frente al narcotráfico. ¿Cuándo México va a liberar Cuernavaca, Monterrey o Ciudad Juárez? ¿Cuándo se liberarán las carreteras en Sinaloa o Michoacán?
Como ven, sí hay de otra. El problema es que el presidente Calderón y el ejército mexicano escogieron una estrategia equivocada y, lo peor de todo, es que no están dispuestos a
corregirla a pesar de que cada asesinato es una muestra de su fracaso.
Es de una arrogancia infinita el suponer que México no puede aprender de Perú y de Colombia para enfrentar sus problemas de pobreza y narcoviolencia. Las lecciones son que la pobreza no desaparece con estadísticas y declaraciones triunfalistas, y que la narcoviolencia sí se puede vencer pero solo con la estrategia correcta.
México tiene una fijación con el norte. Nada de lo que hace Estados Unidos le es ajeno.
Pero la verdad es que nuestros problemas tienen mucho más que ver con el resto de América Latina que con nuestro vecino al norte.
Si México no ve lo que está haciendo bien el sur, va a perder el rumbo. Por eso, aunque cueste y vaya contra nuestras tendencias históricas, México está obligado a ver al sur y aprender.
Son lecciones para no morir de hambre o de un balazo. Se los dejo de tarea.

martes, 7 de junio de 2011

Los Indignados Mexicanos

Por Jorge Ramos Avalos

Ciudad de México. La queja es un coro. Las cosas en México están mal. El país va en la dirección equivocada. No solo lo dicen las encuestas. Son las voces de millones de mexicanos. Basta oirlos.
Pero la pregunta es ¿dónde están los indignados en México? ¿Dónde están esos jóvenes mexicanos dispuestos a plantarse en el zócalo y en todas las plazas del país hasta que las cosas cambien? ¿Dónde están los mexicanos que -después de gritar “ya basta” de pobreza, desempleo, violencia, inseguridad y falta de oportunidades- presionan y presionan a los gobernantes hasta que las cosas cambien? ¿Dónde? He estado siguiendo muy de cerca las rebeliones de la “primavera árabe” en Túnez, Egipto y Yemen, entre otros países, y el movimiento de “los indignados” en España, Francia y Grecia. Son, en su mayoría, jóvenes que están provocando un cambio.
Organizados a través de Twitter y Facebook los jóvenes árabes han derrocado dictadores y destruído regímenes autoritarios. En el caso de los europeos, están obligando a las autoridades a rendir cuentas, a presentar resultados concretos de sus demandas y a adelantar elecciones. ¿Por qué no pasa eso en México cuando tenemos más quejas y más asesinados que los españoles? Las marchas por la paz -y ahora la “ruta del dolor”- organizadas por el poeta Javier Sicilia y los juicios públicos hechos por los padres de las víctimas de la Guardería ABC son un maravilloso ejemplo de la fuerza de la gente. Pero mi frustración con estas masivas manifestaciones de inconformidad es que, después de realizadas, no pasa nada. Nada.
Las cosas siguen igual. El presidente Felipe Calderón sigue sin cambiar su fallida y mortífera estrategia contra el narcotráfico. Los asesinados se amontonan unos sobre otros. Y muchos de los responsables de la muerte de 49 niños en la guardería de Hermosillo en el 2009 siguen libres. Todo sigue igual. Las protestas ciudadanas, aparentemente, no tuvieron ningún resultado concreto.
Y por eso la indignación sigue, peligrosamente, creciendo.
Es indignante que el presidente Calderón no quiera cambiar una estrategia antinarcóticos que ha costado 40 mil vidas. 2011 puede ser uno de los años más violentos desde la revolución.
Es indignante que la principal exigencia de los mexicanos a su gobierno ya no sea trabajo, escuela y salud. Ahora piden lo más básico: que no me maten. El ejército no ha podido. El 57 por ciento de los mexicanos cree que los narcos están ganando la guerra; solo un 19 por ciento cree que el gobierno gana, según la encuesta de Mitofsky para la asociación México Unido contra la Delincuencia.
Es indignante que uno de cada dos mexicanos haya sufrido en carne propia un crimen o delito. Son las matemáticas del terror. La cosas empezaron mal. La Comisión Nacional de Derechos Humanos de México reportó que del 2006 al 2008 hubo aproximadamente “48 millones de víctimas de delitos en todo el país.”
Es indignante que una maestra de Monterrey tenga que poner en el piso a sus niños de kinder y mantenerlos ahí cantándoles para que no los mate una bala perdida en un tiroteo.
Es indignante que el principal encargado de la economía en México, el precandidato presidencial y Secretario de Hacienda, Ernesto Cordero, diga que “hace mucho que México dejó de ser un país pobre” y que con unos 550 dólares al mes una familia mexicana puede pagar casa, coche y colegiatura. El Tecnológico de Monterrey calcula que en México hay 54 millones de pobres. Unos, sí, se van a Estados Unidos; es la válvula de escape a la indignación. Pero la mayoría se queda.
Es indignante que haya tantos expresidentes, tantos exgobernadores y tantos exfuncionarios priístas que viven como millonarios a pesar de haber tenido casi toda su vida puestos y salarios públicos. Es indignante que muchos de ellos no estén en la cárcel y que ni siquiera hayan rendido cuenta de sus ganancias y del uso de partidas secretas.
Es indignante que los expresidentes Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo ahora se quieran hacer pasar por “demócratas” cuando cada uno de ellos fue elegido a dedazo y de la manera más fraudulenta y autoritaria.
Es indignante que con tanta indignación no haya un movimiento de indignados en México.
Sé -porque conozco a muchos y soy uno de ellos- que México está lleno de indignados. Están dadas todas las condiciones para un masivo movimiento ciudadano, no violento, que ciembre al país y haga temblar a sus inefectivos gobernantes. A veces tengo esa sensación de que algo está a punto de brotar o de explotar en México. La “primavera mexicana” puede ser en otoño o invierno. Falta la chispa.
¿Dónde están los indignados en México? Por ahora, en su mayoría, en sus casas y en sus oficinas, no en las plazas y en las calles. Y así no viene el cambio. El cambio en México viene de abajo para arriba. Pero mientras los indignados mexicanos no actúen, no exijan, no desenmascaren a sus gobernantes, no protesten, no pregunten, no desmaquillen a México, no incomoden, no propongan…nada va a cambiar.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Salio en la jornada

Cruzan la frontera regularmente para delinquir, admite mando policiaco de El Paso

Narcotraficantes que operan en México encuentran refugio en EU

“Sabemos que tenemos aquí a miembros de cárteles y sicarios, quienes hacen sus ‘negocios’ en su país y vuelven a sus casas ubicadas en Texas”, señala el comandante ante el Congreso

Afp
Periódico La Jornada
Miércoles 4 de mayo de 2011, p. 5

Washington, 3 de mayo. Narcotraficantes y sicarios mexicanos viven en el lado estadunidense de la frontera y cruzan regularmente para realizar sus actividades ilegales, reconoció este martes un comandante policial de El Paso, Texas, durante una audiencia en el Congreso.

“Sabemos que tenemos aquí miembros de cárteles, sabemos que tenemos sicarios viviendo en el lado estadunidense de la frontera. Típicamente lo que hacen es que llevan a cabo sus ‘negocios’ (en México) y luego vuelven a cruzar”, explicó el comandante Gomecindo López, de la Unidad de Operaciones Especiales de la policía de El Paso.

López intervino en una reunión convocada por la Cámara de Representantes, donde también asistieron alguaciles y funcionarios del Departamento de Seguridad Interior. La audiencia versó sobre cómo mejorar en varios aspectos de la cooperación entre fuerzas locales y federales en la frontera sur.

En el encuentro, el oficial de El Paso reconoció que una situación de violencia como la que se vive a diario en Ciudad Juárez, Chihuahua, podría desbordarse a la urbe vecina, situada justo al otro lado de la frontera.

–¿Puede suceder?

–Absolutamente. Por eso creo que la cooperación, especialmente en lo que respecta a la inteligencia, entre las policías federal y local es crucial. Mientras cooperemos creo que estaremos bien.

Las estadísticas de crímenes a ambos lados de la frontera son sin embargo abismalmente diferentes. Ciudad Juárez, con 1.3 millones de habitantes, sufrió unos 3 mil 100 homicidios en 2010, mientras que El Paso, con 2.3 millones de habitantes, incluyendo la periferia, tuvo cinco asesinatos, explicó López.

Aseguró que la policía local en la ciudad estadunidense sólo constató recientemente dos casos de violencia directamente relacionados con la situación en México, y ambos fueron resueltos y los culpables encarcelados con la colaboración de la Oficina Federal de Investigación (FBI).

Un informe interno del Departamento de Justicia estadunidense, citado recientemente por la prensa mexicana, advertía sobre el riesgo de que los integrantes de los cárteles estén cruzando la frontera. Fuentes de prensa de la dependencia citada aseguraron desconocer ese informe.

El Paso, Texas, ha sido durante 12 años consecutivos una de las tres urbes consideradas más seguras en Estados Unidos. Somos una ciudad grande, pero muy aislada. Cuando algo sucede tenemos que apoyarnos unos a otros, señaló Lopez, quien se declaró contrario a que la policía local desempeñe tareas de control migratorio.

En Ciudad Juárez (los habitantes) no confían en absoluto en las autoridades. En El Paso hemos establecido esa confianza.

domingo, 10 de abril de 2011

Me parece que ya es un movimiento con algo de forma esto de que la nación se los demande y pues aquí le daremos difusión porque estamos de acuerdo con los funcionarios públicos realicen su trabajo de una manera adecuada como a todos se nos exige.

viernes, 18 de marzo de 2011

la ridícula monría

RIDÍCULA MINORÍA SEÑOR PRESIDENTE:

Efectivamente, el crimen organizado representa una ridícula minoría, que por desgracia afecta a la mayoría de los mexicanos, pero existen desde hace más de 80 años otras minorías que han estrangulado lentamente y sin misericordia a la mayoría de nosotros.

LA RIDÍCULA MINORÍA de diputados y senadores que enfrascados en intereses personales y partidistas han obstruido los cambios legislativos que se requieren con urgencia para nuestro país.

LA RIDÍCULA MINORÍA de quienes forman el poder Judicial y quienes no aplican la justicia por igual, generando un estado de anarquía que ha acabado con nuestra confianza.

LA RIDÍCULA MINORÍA de los dueños de riquezas mal habidas en nuestro país que concentran de manera inmoral e intolerable la mayor parte de los bienes de la nación ante la injusticia de 40 millones de mexicanos en pobreza extrema.

LA RIDÍCULA MINORÍA que dirige el destino de la educación en México, matando antes de nacer una nueva generación de mexicanos destinados desde ahora a la mediocridad intelectual.

LA RIDÍCULA MINORÍA de los monopolios que laceran la economía de los mexicanos.

Señor presidente: Necesita actuar ante éstas y otras RIDÍCULAS MINORÍAS. Si lo hace, la abrumadora mayoría estaremos con usted, pero si no lo hace, despertará pronto el monstruo dormido de las mayorías, y entonces sí, señor Presidente, ya nada será igual.

Dr. Alejandro Camelo Schwarz
Monterrey, Nuevo León, México
Soy médico Otorrinolaringólogo, tengo 54 años.
Me dedico a la práctica privada de mi especialidad
en mi clínica Centro Médico Miravalle

jueves, 23 de septiembre de 2010

Guerra vs Narco

Aquí les pasamos un video de la guerra vs narco y de lo que en realidad viene detrás de tanta muerte, muy bien hecho el video y muy bien conceptualizado.


jueves, 4 de junio de 2009

Otra campaña con el mismo fin...

Como ya habíamos comentado en el blog sobre la campaña yo anularé mi voto ahora encuentro un video que es lo mismo pero de otras personas con mayores recursos para hacer algo con mucha mayor calidad pero con el mismo fin ANULAR NUESTRO VOTO.

Saludos.




sábado, 30 de mayo de 2009

Denise Dresser... si mueve a México



Les dejo un video de una de las 50 personas que mueve México y después el discurso escrito por Denise Dresser.



Y ustedes que hacen por mover México?



Excelente fin de semana y disfruten México porque es hermoso y es nuestro.




Alguna vez, el periodista Julio Scherer García le pidió a Ernesto Zedillo que le hablara de su amor por México. Le sugirió que hablara del arte, de la geografía, de la historia del país. De sus montañas y sus valles y sus volcanes y sus héroes y sus tardes soleadas. El ex-presidente no supo qué contestar. Hoy es probable que muchos mexicanos tampoco sepan cómo hacerlo. Hoy el pesimismo recorre al país y e infecta a quienes entran en contacto a él. México vive obsesionado con el fracaso. Con la victimización. Con todo lo que pudo ser pero no fue. Con lo perdido, lo olvidado, lo maltratado. Con la crónica de catástrofes; de corruptelas; de personajes demasiado pequeños para el país que habitan.

México padece lo que Jorge Domínguez, en un artículo en Foreign Affairs, bautizó como la “fracasomanía”: el pesimismo persistente ante una realidad que parece inamovible. La propensión colectiva a pensar que la corrupción no puede ser combatida; que los políticos no pueden ser propositivos; que la sociedad no puede ser movilizada; que la población no puede ser educada; que los buenos siempre sucumben; que los reformadores siempre pierden. Por ello es mejor callar. Es mejor ignorar. Es mejor emigrar.

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Pero lo que nos congrega aquí hoy sugiere lo contrario. Por cada tache que se le pueda colocar a este país, existe una paloma. Más de 50 palomas. Frente a todos los motivos para cerrar los ojos están todos los motivos para abrirlos. Frente a las razones para perder la fe en México estan todas las razones para recuperarla.. La determinación de Lorena Ochoa. La pluma de Carlos Fuentes. La inteligencia de Mario Molina. El profesionalismo de Carlos Loret de Mola. El talento de Salma Hayek. La chispa de Diego Luna. La visión empresarial de María Asunción Aramburuzavala. La imaginación de Angeles Mastretta. El humor de Carlos Monsivaís. La tenacidad de Alejandra de Cima. La sencillez de Gael García Bernal. Las canciones de Julieta Venegas. El espíritu democrático de Margarita Zavala. La creatividad de Julieta Fierro. La forma en la cual Alondra de la Parra conduce una orquesta o Rafael Márquez mete un gol o Cristina Pacheco hace una entrevista. La labor filantrópica de Alfredo Harp Helu. El periodismo implacable de Miguel Angel Granados Chapa. La arquitectura de Teodoro González de Leon. La voz de Ximena Sari~nana. Los huipiles de Beatriz Paredes.

Cada persona tendrá su propia lista, su propio pedazo del país colgado del corazón. Una lista larga, rica, colorida, voluptuosa, fragante. Una lista que debe comenzar con las palabras de la chef Marta Ortiz Chapa: “Siempre me gusto ser mexicana”. Una lista con la cual contener el pesimismo; un antídoto ante la apatía; una vacuna contra la desilusión. Una lista de lo mejor de México. Una lista para despertarse en las mañanas. Una lista para pelear contra lo que Susan Sontag llamó “la complicidad con el desastre”.

Una lista como la compilada por la revista “Quien” hoy pero que en mi propio caso va más allá de ello para incluir todo lo que yo amo de mi país. Los murales de Diego Rivera. Las enchiladas suizas de Sanborns. Las mariposas en Michoacán. El cine de Alfonso Cuarón. El valor de Emilio Alvarez Icaza. Los huevos rancheros y los chilaquiles con pollo. El mole negro de Oaxaca. Los libros de Elena Poniatowska. La decencia de Germán Dehesa. Los tacos al pastor con salsa y cilantro. El mar en Punta Mita. La poesía de Efraín Huerta. El Espacio Escultórico al amanecer. Cualquier Zócalo cualquier domingo.

La forma en que los mexicanos se besan y se saludan y se dicen “buenas tardes” al subirse al elevador. Las fiestas ruidosas los sábados por la tarde. La casa de Luis Barragán. Los amigos que siempre tienen tiempo para tomarse un tequila. La decencia de Germán Dehesa. Los picos coloridos de las piñatas. Las casas de Manuel Parra. Las buganvileas y los alcatraces y los magueyes. Las caricaturas de Naranjo y los cartones de Calderón. El helado de guanabana. La talavera de Puebla. Las fotografías de Graciela Ituurbide. Los mangos con chile parados en un palo de madera. Las comidas largas y las palmeras frondosas. Las mujeres del grupo Semillas y las mujeres que luchan por otras – todavía – en Ciudad Júarez.

Y más allá de este recinto y este reconocimiento a cincuenta personas, habría que aprovechar la ocasión para pensar un momento en todos aquellos que también mueven a México. Sus habitantes. Ese país habitado por millones de hombres y mujeres mexicanas que se levantan al alba a prender la estufa, a preparar el desayuno, a remojar el arroz, a planchar los pantalones, a terminar la trenza, a correr detrás del camion, a trabajar donde puedan y donde les paguen por hacerlo. El país de muchas mujeres y hombres que duermen poco porque cargan con mucho.

Para acompañarlos les pido que piensen por un momento en las siguientes preguntas. Y si ustedes vivieran y mantuvieran a sus familias con 3,000 pesos al mes? Y si les tomara mas de dos horas y tres formas diferentes de transporte público llegar a su trabajo? Y si al regresar a casa, despues de un largo día, su esposo las golpeara? Y si, aunque ustedes contaran su caso cientos de veces, prevaleciera el silencio? Y si su hija o su madre o su hermana fuera violada en la calle o cerca de un cuartel del Ejército? Y si en el Ministerio Público le dijeran que ella se lo buscó o que lo ocurrido no es un crímen? Y si resultara embarazada y la despidieran por ello? Y si hubiera complicaciones y no pudiera pagarle al médico? Y si ustedes estuvieran condenadas a la precariedad cotidiana como tantas más?

Para muchas mujeres en México esas preguntas no son hipotéticas sino reales. No representan lo que podría ocurrir sino lo que ocurre. En México, ser mujer entra~na tener sólo 7 a~nos de escolaridad promedio. En México ser mujer y trabajar en una maquiladora significa estar en peligro de muerte. En México, ser mujer implica el 30 por ciento de probabilidad de tener un hijo antes de los 20 a~nos. En México todavía entraña luchar por el derecho a serlo.

Porque el país cambia pero no lo suficiente; porque México se mueve pero no a la velocidad que podría y debería. Algo estál mal. Algo no funciona. Tiene que ver con el control y los privilegios. Tiene que ver con 23 millones de personas en este pais que viven con 20 pesos al dia. Tiene que ver con que 1 de cada 5 mexicanos entre la edad de 25 y 35 anos vive y trabaja en Estados Unidos. Tiene que ver con el éxodo de 400,000 migrantes que cruzan la frontera en busca de oportunidades que no encuentran en su propio pais. Con que el hijo de un obrero tiene solo el 5 por ciento de probabilidades de convertirse en profesionista.

Alli estan para quien las quiera ver: se~nales claras de un statu quo que es insostenible; sintomas de problemas profundos, históricos, estructurales. A lo largo del sur del país y a lo ancho de sus zonas más pobres. En cada institución disfuncional y en cada funcionario insensible que la encabeza. En cada decisión arbitraria por parte de alguien que ejerce el poder y en cada mexicana que padece sus consecuencias.

De allí que se vuelva imperativo celebrar a aquellos que están en la lista de quienes mueven a México, y al mismo tiempo reflexionar en lo mucho que falta por hacer. Pensar en un México menos cupular y más ciudadano. Menos elitista y más democrático. Menos interesado en retener las oportunidades insólitas que tienen algunos y más interesado en crearlas para otros. De lo que se trata, en esencia, es de cambiar la forma geométrica del país. Pasar del triángulo al rombo. Crear una amplia clase media poblada por personas con voz, con derechos, con oportunidades para generar riqueza y acumularla. Crear mexicanos, emprendedores, educados, competitivos, meritocráticos porque el país les permite serlo. Crear un sistema económico que promueva la movilidad social en vez de permitir la perpetuacion de obstaculos que la inhiben.

Y vivir todos los días con esa lista de lo mejor y lo posible para así pelear contra la lógica enraizada del “por lo menos”: “por lo menos hay paz social; “por lo menos” la pobreza extrema ha disminuido un poco; “Por lo menos no ocupamos el último lugar en las evaluaciones PISA de educación”. “Por lo menos en el sexenio pasado sólo se robaron un Jeef Rojo y una Hummer”. Hoy, la logica compartida del “por lo menos” equivale a una defensa de la mediocridad. Equivale a una apologia del statu quo que beneficia a pocos y perjudica a muchos. México solo será un país mejor cuando sus habitantes dejen de pensar en términos relativos y empiecen a exigir en términos absolutos. Cuando se conviertan en profetas armados con una visión de lo que podria ser. Cuando empuñen lo que Martin Luther King llamó “coraje moral”. Cuando vociferen que los bonos sexenales y la rapacidad de los sindicatos y la educación atorada y el desempleo constante y la inseguridad lacerante son realidades que ningún mexicano está dispuesto a aceptar. Porque si nadie alza la vara, el país seguirá viviendo – aplastado — debajo de ella. Porque si sólo 50 personas exigen que las cosas cambien, nunca lo harán. Porque si los mexicanos siguen habitando el laberinto de la conformidad, sera muy difícil sacudir al país desde allí.

Quienes pueblan esta lista saben que hay tanto por hacer; tanto por cambiar; tantos sitios donde amontonar el optimismo. El optimismo de la voluntad frente al pesimismo de la inteligencia. El optimismo perpetuo que se convierte en multiplicador.
El optimismo que debe llevar espero – a cada uno de los presentes – a hacer una declaración de fe, como la frase que acun~ó Rosario Castellanos. Una filosofía personal para ver y andar, vivir y cambiar, participar y no sólo presenciar.

Una filosofía para compartir la terca esperanza de quien habla hoy y acompa~na a los premiados. La convicción inquebrantable de mejorar a México. De resta~nar a la República. De volver a México un país de ciudadanos. Un lugar poblado por personas conscientes de sus derechos y dispuestos a contribuir para defenderlos. Dispuestos a llevar a cabo pequen~as acciones que produzcan grandes cambios. Dispuestos a sacrificar su zona de seguridad personal para que otros la compartan.

Yo creo que ser de clase media en un país con cuarenta millones de pobres es ser privilegiado. Y los privilegiados tienen la obligación de regresar algo al país que les ha permitido obtener esa posición. Porque para qué sirve la experiencia, el conocimiento, el talento, si no se usa para hacer de México un lugar más justo? Para qué sirve el ascenso social si hay que pararse sobre las espaldas de otros para conseguirlo? Para qué sirve la educación si no se ayuda a los demás a obtenerla? Para qué sirve la riqueza si hay que erigir cercas electrificadas cada vez más altas para defenderla? Para qué sirve ser habitante de un país si no se asume la responsabilidad compartida de asegurar vidas dignas allí? Yo creo en la obligación ciudadana de vivir en la indignación permanente: criticando, denunciando, proponiendo, sacudiendo. Porque los buenos gobiernos se construyen a base de buenos ciudadanos y sólo los inconformes lo son.

Yo creo que muchos de los miembros de esta lista logran hacer cosas extraordinarias. Aquellos que hacen más que pararse en fila y en silencio. Individuos que pelean por los derechos de quienes ni siquiera saben que los tienen. Alejandro Martí, denunciando a los policías cómplices y acorralando a los políticos que los protegen. Carmen Aristegui, lidereando la oposición contra la impunidad y concientizando al país sobre sus efectos. Guillermo Ortiz, peleando por la competencia y denunciando los costos que el país ha pagado al obstaculizarla. María Elena Morera, sacudiendo a una sociedad altergada y ayudándola a discernir el papel que debería desempenar. Miguel Angel Granados Chapa, defendiendo—con su columna — la humanidad esencial de quienes la han perdido y ayudándolos a recuperarla. Ellos y tantos más, héroes y heroínas de todos los días. Ombudsmans cotidianos.

Yo creo que mientras existan individuos como muchos de los que hoy celebramos – encendidos, comprometidos, preocupados – el contagio continuará, poco a poco, y a empujones como todo lo que vale la pena. El monólogo de los líderes se convertirá en el coro de la población. La exasperación de los ciudadanos construirá cercos en torno a los políticos. Yo creo que un día – no tan lejano, quizás – habrá un diputado que suba a la tribuna y exija algo a nombre de la gente que lo ha elegido. En lugar de mirar con quién se codea en el poder, mirará a quienes lo llevaron allí. Y México será otro país, otro.

Yo creo que eso es posible, pero sólo ocurrirá cuando la fe los mexicanos aplaudidos por la revista “Quien” se vuelva la convicción de muchos. Cuando la crítica fácil se traduzca en la participación transformadora. Cuando la creencia en el cambio se concretice en acciones diarias para asegurarlo. Cuando más mexicanos memoricen las palabras de mi amigo – el empresario y filántropo — Manuel Arango: “El que no sepa qué hacer por México que se ponga a saltar en un solo pie y algo se le ocurrirá”. Cuando saltando juntos logremos, de verdad, mover mejor a México